¿Quién fue el Conde de Saint-Germain?

El conde de Saint-Germain tuvo la cualidad de rodearse de una aureola de misterio que contribuyó a su fama. Con rara habilidad, supo aprovechar en su beneficio los rumores maledicentes acerca de su inmortalidad que pretendían ridiculizarlo.

 

En 1758, el conde de Saint-Germain recaló en París y pronto comenzó a asistir a los ricos salones y palacios de la capital francesa. En una cena celebrada en casa de la marquesa de Urfé lo conoció otro personaje de su mismo talante, aunque quizás más «humano», Giacomo Casanova. Este cuenta en sus Memorias que era «un sabio y hablaba perfectamente la mayoría de las lenguas. Era un gran músico y un gran químico, de una apariencia agradable y un maestro respecto al arte de seducir a las mujeres…. Este hombre singular y nacido para ser el primero entre los impostores, pretendía con un tono seguro, y para salir del paso, que tenía trescientos años, que tenía la panacea y hacía todo lo que quería con la naturaleza». Más adelante, Casanova señala que «a pesar de sus fanfarronadas, sus mentiras evidentes y sus excesivos disparates, no pude encontrarlo insolente. Tampoco respetable. Lo encontraba sorprendente, ya que me sorprendió…».

 

La leyenda del conde de Saint-Germain

 

Había comenzado a tomar cuerpo trece años antes, en Londres, donde residía desde 1743. Aunque no hay pruebas de su participación en los levantamientos jacobitas, fue detenido con cartas comprometedoras a favor de los Estuardo y nombre falso.

 

El conde no pasó desapercibido para el escritor y parlamentario Horace Walpole, quien trató de indagar algo acerca de ese hombre de unos cincuenta años y «singular» personalidad escribiéndole a Diderot. Pero éste lo ignoraba todo de Saint-Germain.

 

Dada la situación, el conde de Saint-Germain abandonó Londres al año siguiente y hasta su llegada a París, doce años más tarde, nada se sabe de él. Las noticias de este período son confusas y a veces contradictorias. Según algunos se instaló en Alemania, donde realizó experimentos químicos y alquímicos, y según otros viajó a India y al Tíbet.

 

Ya en Francia, además de asistir a los más selectos salones de París, entre ellos el de la marquesa de Pompadour, el conde de Saint Germain solicitó y obtuvo de Marigny, director de obras y edificios del reino, el castillo de Chambord para llevar a cabo sus investigaciones científicas. A cambio se comprometió a dar al rey un asombroso descubrimiento. Sus misteriosos poderes le valieron en París una posición a la vez envidiada y temida.

 

La inmortalidad, un sueño imposible

 

La inmortalidad es uno de los íntimos y viejos sueños que persigue el ser humano. La fuente de la eterna juventud constituyó durante mucho tiempo un motivo de viaje y exploración. Tras el descubrimiento de América, no fueron pocos los conquistadores españoles, entre ellos Juan Ponce de León, que en pos de ese mito exploró las islas Lucayas (hoy Bahamas).

 

La muerte del inmortal Saint-Germain

 

Pero Saint-Germain también  tenía enemigos y uno de ellos era el duque de Choiseul. Ministro de Luis XV, que veía en el a un farsante. Durante años intento desacreditarle con un doble logrando el efecto contrario.

Finalmente, en 1760 fue acusado de espiar a favor de los alemanes y se vio obligado a huir y refugiarse en la ciudad báltica de Gottrop, bajo la protección del príncipe de Hesse. Finalmente murió en 1784 a los 93 años (aunque el solo aparentaba 60).

La muerte del inmortal no acabo con su leyenda, pues en los años siguientes muchos testigos afirmaron verlo en Venecia, París, Viena…

 

 

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