La masacre del camarero Damian Kerlik

Dinero, ciega venganza por un despido, rumores de una aventura amorosa de su esposa con su jefe  o simplemente un Serial killers,  mucha maldad son los motivos de la salvaje brutalidad de Damian Kerlik (39), detenido por matar a sangre fría a los seis miembros de la familia Oshrenko en el crimen más grave en la historia de Israel.

La masacre del camarero Damian Kerlik

El asesinato de un conocido empresario de origen ruso, Dimitri Oshrenko (32), su esposa (28), sus padres (56) y sus dos hijos (una niña de tres años y un bebé de cuatro meses) estremeció al país hace tres semanas. Se habló entonces de la mafia rusa, de la mafia georgiana, ajuste de cuentas, sicarios, etc… Pero el asesino estaba en casa.

Masacre del camarero Kerlik

“Hemos detenido al asesino de los Oshrenko, una familia entera, seis almas, tres generaciones que fueron eliminadas de forma salvaje.Es una tragedia que afecta a todos los ciudadanos”, afirmó el oficial de la Policía en el distrito central, Nissim Mor.

Kerlik -natural de Rusia donde era buscado por un atraco y que emigró a Israel en el año 2004- era el camarero jefe de Premier, local nocturno de los Oshrenko. Su adicción al alcohol y las apuestas eran conocidas. Hace dos años, el abuelo, Edward Oshrenko le pilló robando varias cajas de Vodka. Tras una acalorada discusión, le despidió delante del resto de empleados. Kerlik se sintió humillado y con enormes ganas de venganza aumentadas por los rumores de un ‘affaire’ amoroso de su esposa con el propio abuelo.

Desde ese día, planeó el crimen. Carnicero y experto en artes marciales en Rusia, se sacó una licencia de armas y empezó a trabajar en una agencia privada de seguridad. Y lo más importante,consiguió una llave para entrar en la casa de los Oshrenko. Se la entregó su esposa, que seguía trabajando en el local y que pensaba que el objetivo era robar dinero.

A las dos de la mañana del 17 de octubre, Kerlik entró en la residencia de la calle Nordau de la ciudad de Rishon Letsion. Llevaba mucho odio y un cuchillo de carnicero de grandes dimensiones. Lo primero que hizo fue matar a la abuela. Después, degolló al abuelo. Cogió el móvil de las víctimas y envió un mensaje a su hija y madre de los dos niños que en ese momento estaban durmiendo en la habitación adyacente. Le pidió que volviera rápidamente a casa “porque la pequeña tenía mucha fiebre”. Nada más entrar, la mujer fue asesinada. Después, Kerlik acudió a su cuarto y mató a la pequeña a cuchilladas. La niña había celebrado horas antes día su cumpleaños (3) y el bebé apenas tenía 4 meses. “Me recordaron a su padre y por eso les maté”, confesó el agresor con la misma sangre fría con la que ahogó al bebé. Una vez muerto, apuñaló varias veces su cuerpo.

La Policía israelí recoge muestras en la escena del crimen.

Posteriormente Kerlik se fue al salón y esperó con paciencia la llegada del padre, Dimitri. Al cabo de dos horas, llegó y vio a toda a su familia asesinada. No tuvo mucho tiempo de llorar. Kerlik se dio prisa y le mató.

El asesino se cambió de ropa, se fue a la cocina para comer algo, se duchó e intentó quemar el piso para eliminar pruebas. Su gran error fue que no abrió las ventanas, el incendio no tuvo lugar y de esta forma los policías pudieron coger pruebas dactilares y de ADN que incomprensiblemente dejó esparcidas.

Kerlik asistió al funeral de la familia que había asesinado cuatro horas antes. Quería asegurarse que estaban muertos. En el interrogatorio, relató sin ningun tipo de arrepentimiento: “Toda la noche usé una tela para que no vieran mi cara. Al final me quedé al descubierto para que Dimitri me viera. Quería que mi cara fuera la última imagen en su vida. Soy un gran hijo de puta”.

 

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